"El amor es lo único que cuenta", fiesta religiosa: 1 de octubre
Con veinticuatro años, Santa Teresa fue la 'doctora' (es decir, la maestra) más joven de la iglesia y patrona de Australia. Como patrona de las misiones y Carmelita contemplativa, ejemplificó la relación entre el hecho de ser un testigo fructífero nacido del poder de Cristo y la necesidad de comportarse como un niño confiado ante Dios. El recorrido de sus reliquias por Australia en 2002 demostró su popularidad en este país.
Santa Teresa de Lisieux nació en Francia en 1873, hija de Louis y Zélie Martin. Tenía ocho hermanos y a los cuatro años perdió a su madre, que murió de cáncer. Con nueve años, su querida hermana mayor, Pauline, ingresó en el Monasterio de las Carmelitas de Lisieux. Sola y desconsolada, Teresa enfermó gravemente, padeciendo constantes dolores de cabeza, insomnio, fiebre, delirios y alucinaciones. Ningún tratamiento parecía funcionar, hasta que el 13 de mayo de 1883 sucedió un milagro. Volvió la cabeza hacia una estatua de la Virgen María y rezó para curarse, cuando, de pronto, vio el rostro de Nuestra Señora resplandeciente de 'bondad y amor'. ¡La sonrisa de la Santa Madre la había curado! A los diez años, Teresa percibió la misión de su vida: trabajar en pos de la salvación de las almas.
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Trató de ingresar en el convento de las Carmelitas con tan sólo 15 años; la rechazaron pero no se dio por vencida y finalmente viajó a Roma para ver al Papa. Le pidió al Santo Padre que le permitiera hacerse monja.
Al principio, el Papa se mostró reacio, pero terminó por aceptarla y un año después Teresa ingresó en el convento de las Carmelitas. Pasó el resto de su vida dentro del claustro. Teresa visualizaba a Dios como un padre tierno y cariñoso que se complacía hasta en los actos más pequeños de caridad. Tenía una confianza casi perfecta, hasta audaz, en Dios.
El 30 de septiembre de 1897, Teresa murió garantizando a las generaciones futuras que les sería de mayor ayuda desde el Cielo: "Enviaré una lluvia de rosas sobre la tierra". La vida de Teresa es un testimonio de sencillez y de confianza en Dios que, inspirada por la caridad, puede superar los sentimientos de abandono. Santa Teresa es un maravilloso modelo para los jóvenes, porque muestra que esa santidad, única en cada persona, tiene en su seno meros actos de caridad y confianza. Ella sostiene que "el amor es lo único que cuenta". Los peregrinos de la JMJ08 pueden pedirle que interceda para obtener la gracia de la entrega a la Providencia de Dios, confiando en Su Poder desde la propia "pequeñez"/
Santa Teresa de Lisieux, testigo de confianza y sencillez ?ruega por nosotros.